sábado, 12 de abril de 2008

My own Actors Studio


Después de varios meses de no encontrarme con las tablas volví a mis ensayos y a los entrenamientos. Siii señor, los actores entrenamos. Acá hago un punto y aparte, y me reconozco un tanto avergonzada al reconocerme como tal. La actividad que más me demanda es diametralmente opuesta: la ingeniería y siempre sentí que a la actuación hay que honrarla con una dedicación y huevos que nunca me animé a darle. Pero bueno, hace tiempo ya que lo hago, tengo mi grupo con el que hacemos nuestras creaciones y las presentamos, así que un poco me voy a permitir la denominación y otro poco me voy a hacer cargo.
Decía entonces que los actores entrenamos y es lo que nos permite adquirir técnicas nuevas, pulir las que adquirimos y trabajar sobre las que aprendimos pero que todavía no dominamos. Mucho de este entrenamiento tiene que ver con ejercicios corporales que buscan agudizar el registre que tenemos de nuestro propio cuerpo y el de los otros, romper los ejes corporales, permitiéndonos indagar sobre todas las posibilidades que tiene nuestro cuerpo, ponernos en contradicción y alcanzar diferentes lugares expresivos. Otros ejercicios están pensados para explorar lo vincular, que es fundamental a la hora de trabajar con un compañero, y lo más importante de todo: generar y zambullirse de lleno en las zonas de CONFLICTO. EL recurso por excelencia de cualquier actor.
Pero, ¿cuándo es que todas estas partituras, técnicas e hilos que nos sostienen arriba del escenario vuelven mágico a este oficio? El otro día lo recordé. Estábamos Matías y yo, sentados uno frente al otro, conflicto mediante: madre e hijo, el quiere reencontrarse con ella y ella no. No teníamos personajes, sólo roles. Tampoco había una historia previa, ni escenografía o textos de grandes autores. Ningún desplazamiento, ningún contacto directo. Sólo éramos el y yo, con nuestros cuerpos casi inmóviles pero presentes, nuestras miradas, nuestras emociones, nuestros quieros y unos pocos textos improvisados en el momento. Y así, simplemente ocurrió lo que todo actor ansía: la magia de creer por unos instantes, en donde la cabeza desaparece y todo se vuelve visceral e instintivo. Entonces es cuando se pierden las formas conocidas, la realidad se hace difusa y aún así todo lo que sucede es verdadero. Y, por un momento, tu compañero es tu hijo y vos, su madre.
Claro está que uno puede llegar a esos lugares por la técnica y el entrenamiento, pero una vez ahí, lo mágico se dispara y todo adquiere una dinámica propia, casi incontrolable, sin saber donde nos va a dejar parados, o tumbados si tenemos suerte. Es en esa especie de caos, que todo se alinea misteriosamente y se crea la fantasía.......

2 comentarios:

De Lirium soy dijo...

Excelente post! Muy buena tu forma de explicar ese vínculo mágico que se establece no? y a partir de allí, a volar! Un beso. (ah, llegué desde lo de Desirée) Chauci

Mrs Magoo dijo...

Gracias De lirium! La conocés a Desirée? O sólo blogisticamente?
Un abrazo1